El barrio de Los Arenales vivió una jornada marcada por la devoción y el arraigo cultural durante la procesión en honor a San Antonio de Padua y la Virgen del Carmen, una cita que cada año reúne a vecinos y vecinas en torno a sus tradiciones más queridas.
Como es costumbre, la comunidad salió a las calles para acompañar las imágenes en un recorrido cargado de simbolismo, donde la fe y la identidad local se entrelazaron una vez más. Mantener vivas estas celebraciones, señalan los propios residentes, es una forma de preservar la historia y el legado transmitido por generaciones.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con la participación de la Escuela Municipal de Folklore, que puso música a la eucaristía y aportó un ambiente lleno de raíces, sentimiento y cercanía. Su intervención reforzó el carácter comunitario de una fiesta que combina tradición, convivencia y devoción.
La comisión de fiestas, junto a los vecinos y todas las personas implicadas en la organización, recibió el reconocimiento por su dedicación y esfuerzo para que estas celebraciones continúen siendo un referente en el calendario local.



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