La UD Las Palmas firmó este domingo 3 de mayo de 2026 una victoria tan valiosa como agónica ante el Real Valladolid (2-1) en el Estadio de Gran Canaria, en un partido que tuvo dos caras: un dominio casi absoluto durante más de 80 minutos y un tramo final de puro desgaste en el que el equipo de Luis García terminó defendiendo el resultado casi a la desesperada.
El guion no pudo empezar mejor para los amarillos. Cuando el público aún se acomodaba en la grada, Jesé abrió el marcador en el minuto 2, culminando una acción que nació en las botas de Manu Fuster, muy inspirado entre líneas. El tanto tempranero dio confianza a una UD que se adueñó del balón y del territorio: presión alta, posesiones largas y un Valladolid desbordado, incapaz de encontrar salidas claras desde atrás.
Las Palmas gobernó el primer tiempo con autoridad, instalándose en campo rival y encadenando llegadas, aunque sin transformar su superioridad en un marcador más amplio. Fuster, Kirian y Jesé se asociaban con criterio, mientras que la zaga apenas concedía acercamientos pucelanos. La sensación era de control total, pero también de que faltaba el segundo gol para evitar sustos posteriores.
Ese tanto de la tranquilidad llegó tras el descanso. En el minuto 55, Estanis Pedrola recibió escorado en el pico del área, encaró a su defensor y soltó un disparo ajustado al palo largo que puso el 2-0 y desató la euforia en el Estadio de Gran Canaria. De nuevo, la jugada llevó la firma de Manu Fuster, que volvió a aparecer en la génesis de la acción. El partido parecía encarrilado: Las Palmas mandaba en el juego, en el marcador y en las sensaciones.
Sin embargo, el tramo final cambió el tono del encuentro. El Valladolid, que hasta entonces apenas había inquietado, encontró oxígeno con el gol de Stipe Biuk en el minuto 79, aprovechando una de sus pocas llegadas claras. El 2-1 activó al conjunto visitante y sembró dudas en una UD que, de repente, se vio obligada a defender muy cerca de su área, acumulando despejes, segundas jugadas y algún susto serio que hizo contener la respiración a la grada.
En los últimos minutos, el protagonismo fue para Horkas y la línea defensiva amarilla, que se multiplicaron para evitar el empate. Entre intervenciones del portero, balones colgados y un par de acciones revisadas, el añadido se hizo eterno, pero el marcador ya no se movió. El pitido final se celebró casi como una liberación.
Más allá del sufrimiento, el triunfo deja a la UD Las Palmas en una posición inmejorable para seguir peleando por el ascenso, encadenando una nueva victoria en casa y reforzando la idea de un equipo que, cuando conecta su fútbol de posesión con la pegada de sus hombres de ataque, es capaz de someter a cualquiera. La advertencia, eso sí, queda clara: en esta recta final, desconectar diez minutos puede convertir una noche plácida en un final de infarto.

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