Opinión por Diego Ojeda: Quienes sostienen viva el alma rural de esta isla
Cada año, cuando la Feria de Ganado de Gran Canaria abre sus puertas en la Granja Agrícola Experimental del Cabildo, sucede algo mucho más importante que una simple exposición ganadera. Lo que realmente ocurre es que una isla entera se mira al espejo de sus raíces, de su identidad y de su capacidad para seguir defendiendo aquello que durante siglos la sostuvo: su sector primario.
Detrás de cada stand, de cada animal perfectamente cuidado, de cada taller escolar, de cada queso, cada copa de vino o cada kilo de gofio, hay personas. Personas que madrugan cuando todavía es de noche. Personas que trabajan los 365 días del año sin festivos ni horarios. Personas que han decidido quedarse en el campo, cuidar el territorio y mantener vivas unas tradiciones que hoy siguen siendo fundamentales para Gran Canaria.
Por eso esta Feria no es solamente una cita anual. Es un acto colectivo de reconocimiento y dignificación.
Porque organizar un evento de esta magnitud no es sencillo. Requiere meses de planificación, coordinación y esfuerzo silencioso. Requiere la implicación de personal técnico, veterinario, trabajadores y trabajadoras de la Granja Agrícola Experimental, cuerpos de seguridad y emergencias, personal de limpieza, mantenimiento, transporte, logística y comunicación. Requiere la colaboración de ayuntamientos, asociaciones agrarias y pesqueras, centros educativos, personas artesanas, restauradoras y decenas de colectivos que entienden que defender el sector primario es defender también nuestra soberanía alimentaria, nuestro paisaje y nuestra cultura.
Y, sobre todo, requiere la generosidad de las personas ganaderas.
Porque trasladar más de 1.200 cabezas de ganado hasta Arucas no es simplemente participar en una feria. Es hacer un enorme esfuerzo humano, económico y emocional para mostrar con orgullo el resultado de años de trabajo y selección genética. Es apostar por la conservación de nuestras razas autóctonas cuando muchas veces resulta más fácil abandonar. Es resistir en un contexto cada vez más complicado para el campo canario.
La Feria de Ganado de Gran Canaria se ha convertido, con justicia, en el mayor escaparate de las razas autóctonas canarias y en una de las concentraciones ganaderas más importantes de todo el país. Pero su verdadero valor no está únicamente en las cifras. Está en lo que representa.
Representa la voluntad de una isla de no perder su memoria.
Representa el compromiso de quienes siguen creyendo que el producto local no es una moda, sino una necesidad estratégica. Representa el orgullo de generaciones enteras que aprendieron que cuidar una cabra, sembrar una finca o elaborar un queso no era solo un oficio, sino una forma de entender la vida.
Especialmente emocionante resulta la Feria Escolar del Sector Primario. Ver a más de 1.300 escolares participar, preguntar, tocar la tierra, descubrir los animales, aprender cómo se produce un alimento o escuchar hablar de nuestras tradiciones demuestra que sembrar conciencia sigue siendo posible.
Porque el relevo generacional no se decreta: se cultiva.
Y se cultiva acercando el campo a quienes crecieron lejos de él. Enseñando que detrás de cada alimento existe esfuerzo, conocimiento y territorio. Explicando que el sector primario no pertenece al pasado, sino que es imprescindible para el futuro.
También merece reconocimiento la apuesta que realiza el Cabildo de Gran Canaria para hacer posible esta Feria y para contribuir de manera decidida al sostenimiento durante todo el año al sector ganadero mediante ayudas destinadas a la mejora de explotaciones, conservación de razas autóctonas, producción de forraje, modernización y asociacionismo. Porque apoyar al sector primario no es un gasto: es una inversión en territorio, empleo, sostenibilidad y soberanía alimentaria.
En tiempos donde muchas veces se habla del campo sin conocerlo realmente, esta Feria permite acercar dos mundos que nunca debieron separarse: el urbano y el rural.
Y quizá ahí reside su mayor éxito.
Que durante unos días miles de personas entiendan que el sector primario no es un decorado para las romerías ni una postal turística. Es trabajo, sacrificio, conocimiento y resistencia. Es economía real. Es paisaje vivo. Es identidad colectiva.
Por eso la Feria de Ganado de Gran Canaria merece seguir creciendo y consolidándose. Porque no solo exhibe animales o productos. Exhibe algo mucho más valioso: la dignidad de quienes mantienen viva el alma rural de esta isla.
Por Diego Ojeda.

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