Gran Canaria afronta una temporada estival especialmente delicada y lo hace con un amplio dispositivo de más de un millar de profesionales, reforzado por nuevas medidas económicas y un llamamiento directo a la responsabilidad ciudadana.
Un verano marcado por el riesgo
Las abundantes lluvias de los últimos meses han generado una vegetación muy densa que, con el calor, se convierte en combustible altamente inflamable. Esta combinación ha llevado al Cabildo a extremar la vigilancia y a recordar que la mayoría de los incendios tienen origen humano, por lo que se prohíben las quemas agrícolas y se limita el uso del fuego en áreas recreativas hasta el 30 de septiembre.
Prevención a largo plazo: dos herramientas clave
El plan insular se apoya en dos iniciativas estratégicas:
- Céntimo Forestal — Recaudará más de 4 millones de euros anuales para reforestación, limpieza de montes y apoyo al pastoreo controlado.
- Estrategia Gran Canaria Mosaico 2025‑2028 — Dotada con 9,1 millones, impulsará desbroces, quemas controladas y acciones de sensibilización en zonas rurales.
El presidente insular, Antonio Morales, destacó además el papel esencial de los bomberos forestales, comprometiéndose a mejorar sus condiciones laborales.
Un operativo masivo por tierra y aire
El dispositivo de extinción reúne a más de 1.000 efectivos, entre ellos:
- 240 profesionales de la Unidad Operativa de Fuegos Forestales.
- Dos helicópteros con base en Artenara.
- 450 voluntarios de Protección Civil.
- 350 bomberos del Consorcio de Emergencias.
- 80 militares de la UME, activados para intervenir desde los primeros avisos.
Un monte más verde… y más vulnerable
La paradoja de este año es clara: la isla luce más verde que nunca, pero esa vegetación, al secarse, multiplica el riesgo de incendios. Por ello, las autoridades insisten en la necesidad de extremar precauciones y colaborar con los equipos de emergencia.

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